PODER SOCIAL: A QUIEN PERTENECE?
SOCIAL POWER: WHO DOES IT BELONG TO?

GLORIA MARIA LOPEZ ARBOLEDA.


RESUMEN

El poder social definido como la capacidad de controlar, modificar o influir en el comportamiento de otra persona, expresa en si mismo una gran potencialidad: hacer que el otro haga lo que yo quiero, cuando lo quiero y como lo quiero.
Pensando los sistemas sociales e incluso la Psicología desde la óptica de poder social, podría surgir la pregunta de quién controla, como y para que...para intentar clarificar esta pregunta, nos remitiremos a estudios realizados por el doctor Milgran, aportes de Martín Baròn y Tomàs Ibañez complementando con aportes personales que nos pueden guiar si no a una respuesta definitiva a argumentos validos que hagan surgir nuevos interrogantes.


SUMMARY

Social power defined as the capacity to control, modify or influence other people’s behavior, expresses it’s self a great potentiality: being able to make others do what I want, when I want and the way I want it done.
Thinking about social systems and even about psychology from the social power’s point of view, makes us wonder not only who controls, but why and how is it being done… in the attempt to obtain an answer we will remit to several studies by Dr. Milgran, Martin Baró and Thomas Ibañez all of which will be complemented by personal contributions that will attempt to lead us, if not to a definite answer, to valid arguments that will make new questions arise within us.

PALABRAS CLAVES: Poder social, sistemas sociales, Psicología, vinculo, ejerce.

PODER SOCIAL: A QUIÉN PERTENECE?

“Aunque la fuerza es una cualidad de los individuos, el poder siempre es social”
Dennis Coon


El poder social definido como la capacidad de controlar, modificar o influir en el comportamiento de otra persona (Raven, 1974), expresa en sí mismo una gran potencialidad: hacer que el otro haga lo que yo quiero, cuando lo quiero y como lo quiero; pero, ¿qué implicaciones tiene este “hacer” al otro? ¿Quién puede hacer qué a quién? ¿Cómo logra una persona “controlar, modificar o influir en el comportamiento” de otra? Pensar en el poder social, es pensar en un poder que surge cuando las personas se reúnen y desaparece cuando se dispersan; además, pensar en poder social en nuestra realidad actual lleva a preguntas que tal vez todos en algún momento nos hemos hecho: ¿Cómo logra alguien que otra persona se monte en un avión y se estrelle y peor aún, cómo logra que esa persona acepte una orden que lo lleva hacia la muerte? ¿Para qué una persona aceptaría la orden de ser una bomba humana? ¿Cómo logra alguien que ha violado tantos derechos humanos tener tantos seguidores? Claro que preguntarse por el poder social, no sólo implica preguntarse por los miles de actos violentos que a unos seres humanos se les ocurre enviando a otros a realizarlos, en realidad pensar en el alcance del poder social también abarca pensar en los cientos de personas que siguen una religión, en los miles para quien un comunicado es palabra inmutable y hasta venerada, es pensar en los hilos invisibles de la comunicación que nos envuelve y nos lleva donde justamente nunca pensamos estar; pensar en poder social, es pensar en los miles de desplazados de nuestro país que huyen “obedeciendo” a quien supuestamente tiene el poder de decidir quien se queda y quien no; en resumen, pensar en poder social es pensar en las manos no tan invisibles que “juegan” a ser Dios y que son tan hábiles que convencen, arrastran y seducen hasta a los más “impenetrables”.

 

Pero entonces, ¿De qué depende el poder social? ¿Cómo se otorga a alguien una “cualidad” tan anhelada? ¿A quién pertenece???
En los 60, el doctor Milgram, de la Universidad de Yale, hizo un experimento, para el cual contrató a 40 personas. Cada una de ellas debía leerle a otro individuo, al que nunca había visto, una lista de palabras. El desconocido debía repetir el listado en el mismo orden. Si se equivocaba, el voluntario debía administrarle descargas eléctricas progresivas, a instancias de un instructor. De los 40 que hicieron el papel de castigadores, el 63% llegó al tope máximo de 450 voltios, pese al evidente dolor que manifestaba su víctima. Ellos no sabían que el torturado, en realidad, era un actor y que no había ninguna descarga.

Según demostró el doctor Stanley Milgram, gente común y corriente puede ser convencida de realizar desde actos simples hasta actos impensables si quien representa la autoridad tiene el suficiente poder para dar la orden.

Consecuentemente con las conclusiones del Doctor Milgram, se podría decir que el poder permite a quien lo posee imponer su voluntad pasando por encima de las motivaciones personales y de las razones sociales; Sumado a esto, si pensamos que “Los sistemas sociales son producto del balance de fuerzas en la confrontación de intereses de los actores sociales, y no producto de la interacción espontánea de las personas”(Martín Baró) , se podría pensar que este balance de fuerzas está dado también por el poder, ya que tanto personas como instituciones se rigen acorde a intereses que este mismo poder define, siendo así ésta, la forma más sutil de influir en el ser y el quehacer de las personas.

Según lo expuesto hasta aquí, sabemos que la relación es la que da el origen al poder social, pero qué tipo de relación?


En cierto sentido podría decir que es una relación desequilibrada, pues hablar de poder ya es hablar de algo o alguien que tiene ciertas condiciones que lo hacen “distinto” a otro, por las cuales puede tomarse el “atrevimiento” de pedir u ordenar; además, mirándolo desde otro ámbito, podría entender este tipo de relación que da origen al poder social, como una relación en la que vamos a encontrar un ser humano conformista; posiblemente todas las personas que mencioné al principio del documento (la del avión, la bomba, los desplazados etc) e incluso nosotros mismos, que también día a día estamos inmersos en el juego del poder, estemos en un sistema social que nos ha hecho pensar que tenemos que coincidir con sus objetivos y es ésta tal vez, la mejor estrategia del poder social: Ocultarse y presentarse sutilmente como algo tan natural que simplemente se hace... he ahí el comienzo de toda conformidad: que nos hagan pensar algo que ni entendemos y que para completar, no seamos capaces de re – pensarlo.

¿De dónde surge la voluntad de poder?

Todos los seres humanos y más los inmersos en una sociedad como la nuestra en la que la injusticia y la violencia son el pan de cada día, buscamos el poder, el poder en relación con algo o alguien y en nuestro caso específico, buscamos el poder social; sí, por ejemplo pregúntese si no le gustaría tener la capacidad de ordenar cualquier cosa, lo que quiera a alguien y que esa persona se la conceda... imagínese que pueda pedir desde que le traigan su dulce favorito hasta que “por favor” le derriben dos “torres” que le están como estorbando..... ¿no lo aprovecharía? Pienso que la respuesta de la mayoría sería que si y no digo con esto que el poder social sea algo “malo” y que por ende tendríamos que negarnos si tuviéramos esta oportunidad, solo pienso que es algo indebidamente usado y hasta maltratado. En nuestro mundo y específicamente en nuestro país, cada vez menos lo que le ocurre al “dominado” le importa a quien tiene el poder y lo domina, facilitando así que el ejercicio del poder sea algo cada vez más “normal”; además, como dice Martín Baró:

"...cuando la relación de poder carece de suficiente justificación moral, uno de los mecanismos más accesibles para tranquilizar la propia conciencia es la devaluación de la víctima"

Cómo no pensar aquí en las miles de víctimas que pertenecen a la tierra de los excluidos, excluidos del poder, de un poder que es humo porque hoy lo tienes tú, mañana lo negocio yo y finalmente lo cambia otro, lo cambia también por humo, porque la fuerza social que lo sustenta, a veces, muchas veces, también se cansa de obedecer. ¿A qué nos lleva entonces el poder social??? A mi modo de ver, el poder social mal encaminado, lleva a una colisión cultural, que bajo aparente armonía nos presenta interrogantes tan profundos como ¿Qué hacer con el desafío de la diversidad humana? Y también nos responde: “no piensen, ya todo está dicho, no es aceptada”. ¿Dónde está entonces la necesidad, la utilidad, del poder social? En el vínculo; vínculo entre quien ejerce el poder y el destinatario del mismo; vínculo que hace posible y al mismo tiempo necesita el poder; si los seres humanos no necesitáramos establecer vínculos, tal vez la realidad social sería muy diferente... o tal vez no existiría. Pienso que la utilidad del poder social reside en que lleva a las personas a crear, muchas veces sin querer o sin darse cuenta, “estrechas relaciones” que al mismo tiempo van estableciendo diversas formas de poder:

  • “El poder recompensante: Capacidad de recompensar a una persona por cumplir con el comportamiento deseado.
  • El poder coercitivo: Capacidad para castigar a una persona por dejar de adecuarse.
  • El poder legítimo: Aceptar a una persona como agente de un orden social establecido.
  • El poder referente: Respeto o identificación con una persona o grupo.
  • El poder experto: Reconocimiento de que otra persona tiene el conocimiento necesario para lograr una meta.” (Dennis Coon. Psicología, exploración y aplicaciones.)

Teniendo en cuenta este último poder, el experto, valdría la pena pensar la Psicología como poder social que puede convertirse en Psicología autoritaria y desde allí plantear, en un eterno circulo vicioso, “nuestros criterios”, el “debería” del ser humano; como dice Tomás Ibáñez: “Hay que decir adiós a la Psicología tal y como esa gran máquina de poder que la universidad la ha construido, es preciso romper la imagen de la cual la Psicología ha sido presa y debemos proponer un cambio radical” pero, ¿Cómo promover este cambio? “construir la Psicología en oposición a los presupuestos que hacen de ella un arma de dominación” (Tomás Ibáñez.)

Al mismo tiempo, esta caracterización del poder habla también de diferentes situaciones o estados en los que el poder puede manifestarse, pero a mi modo de ver, todos tienen un punto esencial y común: están enmarcados en el poder social, porque ¿Quien si no el otro puede recompensar, castigar, aceptar, respetar o reconocer? Es en el poder social donde se fusiona el querer de muchos, donde se encuentran órdenes sin dueño y obedientes sin causa. Cómo, si no es por este poder, podría dar respuesta a muchos interrogantes antes mencionados? ¿Cómo podría pensar problemáticas tan actuales como la homosexualidad vista desde el Vaticano o la interrupción- reanudación de los vuelos contra drogas, si no es desde el poder social que manejan personas – instituciones como el Vaticano y EE.UU.?

Después de todo lo expuesto, finalmente ¿A quién pertenece el poder social?

A mi modo de ver, el poder social no pertenece a nadie literalmente, porque el poder social NO SE POSEE SINO QUE SE EJERCE; mirándolo desde este punto de vista, valdría la pena dejar abierto el interrogante de ¿Quién ejerce entonces el poder social? ¿Uno, dos, miles? Mientras lo sabemos, es bueno tener presente que una persona con poder en una situación, tal vez tenga muy poco poder en otra... ¿Será entonces que el poder es sólo una invención y que somos nosotros mismos quienes nos ponemos las cadenas?

CONCLUSIONES


1. El poder social surge cuando las personas se reúnen y desaparece cuando se dispersan, es decir, el verdadero “poder” del poder social se halla en el vínculo social.

2. Los sistemas sociales están basados en fuerzas de poder que persiguen intereses, influyendo así en el ser y quehacer de las personas.

3. La voluntad de poder está inmersa en cada ser humano, constituyéndose en ocasiones en la única manera de relación que lleva consecuentemente a la devaluación del dominado.

4. Para evitar que la Psicología caiga en la “trampa” del autoritarismo al que en ocasiones lleva el poder social, ha de construirse en sana oposición a los presupuestos que hacen de ella un arma de dominación.

5. El poder social no se posee sino que se ejerce ya que es inherente a toda condición humana que conlleve en sí misma un vínculo social.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


1. BARÓ, M. (1989). Sistema, grupo y poder. El Salvador: UCA – Editores.

2. COON, D. (1999). Psicología, exploración y aplicaciones. México: International Thomson Editores, S.A. de C.V.

3. IBÁÑEZ, T. (1982). Poder y libertad. Barcelona: Editorial Hora S.A

4. INTERNET:

www.arkania.org/politeia/docs/rrii3.htm
www.iteso.mx/gerardpv/inv1/baro.html
www.psychstudy.brookscole.com